lunes, 15 de enero de 2018

ORÁCULO DE ULTRATUMBA 1

I

1. La modernidad es el Apocalipsis. La última revelación.

Cansados del amor no correspondido por dios, nos atenemos a la visibilidad, a la palpabilidad, a la humanidad.

Nuestro objeto de adoración es un auténtico seductor.

Con juventud nos seduce, con drogas, con fetos y con amables gestos de altanería delincuencial.

¡Con rebeldía nos seduce!

2. Nuestro amor no correspondido por lo lejano diluyo nuestra relaciones humanas. Era necesario que la historia oficial sea juzgada. Hasta este punto de necesidad llegamos a falta de inclusión.

¡Bestia salvaje, fachera y a la moda en todas las variantes del lunfardo, a tus ritos nos entregamos!

Nosotros, los complicaditos,  los educados sin tradición entre violentas ráfagas de cultura; nosotros los estadísticamente fuera de lugar; nosotros los mestizos de espíritu enmarañado; los distraidos, drogadizados; nosotros, los que usamos más palabras de las necesarias en busca del estilo perfecto; nosotros los alienados, nacidos bajo el yugo de la desesperación, nacidos bajo el manto de la desacralización entre la virtualidad y las realidades alternas a voluntad mejorables con sustancias y botones al alcance, suspendidos en los segundos previos a que la guerra se desate...

Nosotros los deformes, cuestionadores, y dignificadores de todas las deformidades no aceptadas... nosotros, quienes hicimos de este fulgoroso dolor un acto perfecto de rebelión para aquellos no incluidos en el estrato de la objetividad... moralizadores, estratificadores de la sociedad, dominadores de la lengua escrita y hablada y los medios de comunicación...

3. ¡Relativa es nuestra doctrina, subjetivo nuestro juicio; subjetiva nuestra santidad, relativa nuestra mediocridad y nuestra genialidad; subjetiva nuestra astucia y relativa nuestra angustia; relativa la relación y las canciones y alabanzas al dios, relativo es nuestro nuevo dios Bestia!

Nosotros no podemos pertenecer a nada que no seamos nosotros mismos.

¡Por fin algo de certidumbre!

Somos jóvenes y estamos vacíos, anestesiados, ¡y somos publicistas de nuestra visión!

En esto estamos juntos, ¡por fin una tarea compartida!

El Anti-ser es nuestro némesis. Quien nos conduce a la Nada.

De nuestras mierdas queremos despojarnos, y más aún jactarnos de nuestro despojo.

¡El nihilismo lo superamos auto-parodiandonos!

Es está nuestra  última revelación y nuestro último dictado.

4. La modernidad es el Apocalipsis. La última revelación.

¡EL ANTROPOCENTRISMO EN SU MÁXIMO ESPLENDOR!

¡Nuestra belleza radica en la simpleza!

Nuestra última esperanza en esta virgen tierra, inexplorada y malintencionada.

¡Y el victimismo, siempre el victimismo para intensificar el discurso cocorito!

Venimos a dar nuestro último espectáculo: ¡SABOTEARLE EL PARAÍSO A LOS COMPLICADOS!
             
5. Mami y papi fusionados en un cuerpo: nuestra Bestia, nuestro dios.

El andrógino director parado sobre la pirámide de nuestra represión dictadora de todo tabú, ¡gracias a tus límites nosotros podemos pasarnos!, ¡gracias a tus velos nosotros podemos revelarnos!, ¡gracias a tu dictado nosotros podemos impugnarnos, y cuestionarnos, y santificarnos, y darnos aires beatificosa través de la práctica del aullido!, ¡somos lobos atontados por la masificación y la burguesía!, ¡somos satiros y ninfas en los bosques de silicio!, ¡queremos un enemigo digno de pelea!. Nosotros, quienes vivimos de pelear con enemigos. Nosotros, que hasta de nosotros mismos nos quejamos. Nosotros, que hasta de nuestra pluralidad dudamos.  Nosotros, rabia contra la niebla de la deserción.

6. ¡Antropomorfo ser de falo pujante y matriz abrasadora, a tu ordalía nos lanzamos!

¡Somos seres incompletos en la meritoria búsqueda del placer!

¡Parcializados por nuestra anatomía!

¡Anonadados de nuestra forma!

¡Henos aquí, en pálida necesidad y desprotegidos de los horrores de la dualidad!

¿Qué pretendemos, si no es alcanzar la divinidad en nuestro prometeico afán de conocer?

Nada. Luego, estamos incompletos, por lo tanto filosofamos, por lo tanto, como todo recipiente vacío y de material maleable al que se le ejerce presión exterior, estamos deformados...

II
 
8. ... por lo tanto hablo en plural y  me despilfarro, pierdo energía y mi dios se reduce a un par de líneas con sentimientos confusos o mal asimilados... y me dice, ella, que todo lo sabe y todo lo menciona: "te estas comiendo el cuento, estas muy involucrado con el personaje, te estas convirtiendo en un personaje"; y mi sentido del humor en los subterfugios del sentido del ridículo cadaverizan el inescrupuloso movimiento del silencio

¡QUE VERGA, NO ESTOY DICIENDO NADA!;

9. quiero hablarte sincero y claro y sin celos, lector, de los poemas simples y perspicaces que evocan su aventurada forma de mandarme lengua hasta el fondo cuando llega re escabiada de la calle y del tufo a vino que despierta nuevas formas de abrazar la oscuridad mientras que yo, con mi culo atornillado en la silla, estoy terminando mi opera prima, mi justificación en esta existencia, mi estupidez llevada hasta sus últimas consecuencias... por eso también le escribo poemas a ella que congelen las victorias en las sangrientas batallas del sentimiento de inferioridad, por ejemplo este, donde digo que
tus labios besando 
mi cara cagada por los
granos son lo más íntimo 
 y sincero desde el beso negro                                                     
y pienso en algo tan infantil como querer definir el amor siendo que en realidad estoy queriendo justificar las deformidades, debilidades, mariconeadas e idioteces que acarrean llevar esta personalidad; y cuando esta mutua aceptación falta, el germen de la creación se convierte en necesidad acumulada, y la "leche calentita sobre las tetas" no es más que otra de las extasiantes maneras de escapar de la realidad...

10. Y acá no viene a escapar de mi realidad, sino a enfrentarla... sobre el ring del sistema límbico, entre lo adrede y lo inherente del infierno (el pozo séptico del cuerpo, allí donde se fecundan los fantasmas).

Tampoco vine a hablar del amor a lo cercano. No me atrevo. Yo amo mucho a las palabras como para mandarlas a cumplir una función estéril, y el amor por lo cercano es lo único que sostiene mi mano mendiga de grandes razones.

Vine a hablar del desamor: del amor no correspondido por lo lejano. Y su sangre es de vísceras, todavía más real que la realidad. De esto si hablo con autoridad.

No cumplir con el cuerpo es tender una larga cuerda entre extremos cercanos, y esta cuerda destensada es inútil para un equilibrista que vive de su espectáculo.

Vengo hablar del espíritu con prisma de escéptico devenido en nihilista aspirante a su superación; quien quiere anclar su razón de vida acá mismo. Alguien deformado y anestesiado por la investigación, quien se subleva del sepulcro de los que se quedaron atrás, de los enamorados de la superficie de las palabras, de los infieles a la tierra, de los que cayeron bajo
                                                                                                            de tanto
                                                                                               dolor de piernas
                                                                                      de tanto estar parados


11. Este es el testimonio de un estadio mental, consecuencia de un estado de pensamiento, cruel y larga cadena enarbolada por la ignorancia, devenida en la necesidad de justificación por obra.

Es hora de aportar mi granítica porción  de la que solo una manifiesta Voluntad, mayor a mi posibilidad de negarla, puede hacerse visible en mí en forma de literatura... aportar, digo, con la aceleración del apocalipsis y revelar la naturaleza de los deseos puestos al servicio del Anti-ser.

Que este testimonio sea canon en el edificante conocimiento del espíritu arropado en el siglo XXI, bajo un manto proletario, abrazado por el nihilismo; que sea este conocimiento canon en el alucinado tratamiento metafísico (¡dócil como ninguno!) -la masturbación actúa en distintos niveles, y yo solo apelo al placer-; un conocimiento dependiente de mi carácter (esto hay que saberlo de antemano), carente de toda adherencia a una palabra ajena a su naturaleza de tendencia mudable, mutante, excéntrica para vestirse y entretenida de abordar.

Que se tome este testimonio como un nuevo método, antiguo de uso, pero siempre actual, de sacarse al demonio de encima, de adentro y de atrás. Realmente, ¿desde dónde nos habla?, ¿desde qué punta esgrime su ininterrumpido clamor?, ¿en cuál noche es que por primera vez se nos manifestó esta voz que hizo blandir aquella vieja sabiduría de orgullosa reducción del espacio de trabajo?.  ¿Quién o qué abrumo nuestras seguridades advertido desde  nuestro aventurado sentido de la audición?

12. Que se tome este testimonio como un exorcismo.

¡Soy, al fin y al cabo, un expositor!

No el protagonista sino la herramienta de trabajo de los múltiples planos de posibilidad para estos seres ubicados más allá del tiempo y del espacio.

No el protagonista sino un mero testigo auditivo de los hechos, guiado a través del oscuro túnel; quien porta la luz es mi guía, y soy consciente de que lo iluminado no siempre es un bello espacio... mas, quien les habla, cultiva el vasto entretenimiento de muertas y muertos, con la creencia en la resurrección como último bastión de una lucha largamente documentada: me cago en la originalidad.


III
13. Es verdad, sin mentira, muy verdadero: ¡No hay juicio posible sin altura de visión! Sin embargo, difusas y borrosas se tornan las imágenes que están sobre el nivel del mar…

por eso bajo

y me rescato.

Soy un boludo más, hijo del siglo XXI... todo me es relativo en sumo grado, y lo voy torpemente llevando. Por eso es que hablo yo, ¡superador del nihilismo!, ¡es tan importante lo que digo!

(-¿Es importante para ellos o para tu ego?/ -¡Es importante y punto!, dejame sentirme importante, dejame hacer el boludo...)

No transformar la debilidad en locura es prueba de resistencia hacia todo lo alto que aspira una mente moderna y mediocre. Nuestros cuerpos celestes y defectuosos son torpes para todo lo marrón y rocoso que presenta este bendito planeta. Nuestros espasmos espírituales, son un largo camino hacia la falla y  somos muchos los mediocres resentidos en busca de abismos decisivos, exclusivos, ¿y que será un abismo sino la más boludita forma de llevarse con la vida?, es decir, enroscarse en uno de los tantos problemas que ella manifiesta, es decir, obsesionarse con el sepulcro, es decir, verbalizar los sentimientos, es decir, neutralizar con pan los sabores de un manjar.

14. Fiel a tiempo, iré a la par del desierto y seré, otra vez, aquel humano primerizo en su opinión, primitivo en el deleite del conocimiento, desgranado en dudas y creyendo lo que más se asemeja a mi carácter buscando la dirección, el sentido, el destino,

el porqué de está devoción, Babalon
en soledad canto canciones para tu atención

pero no mido mis palabras en respuestas,
las mido acorde a mi miedo a no reconocerme en mi reflexión.

Lo que necesito es la adrenalina de los que están a punto de morir, sabiéndolo, queriéndolo y empujándome al extremo con la nuca equilibrada por el tormento de una invocación irresponsable para llamarte la atención.

En rigor de verdad, te tiento a buscarme, demonio, quiero de vos tu amistad y así adiestrar mi incredulidad.

Nada digno de mención más que tu excelencia en la perfecta excentricidad de manifestarte mediante la boca de aquellos que te necesitan -como si del cariño por lo infinito se tratara. ¿Y de que trata tu proximidad si no es del misterio que alardeas?

El misterio de lo siniestro, lo incalculable, lo irreversible; la hermosa, cálida y sensual oscuridad.

15. Hagamos de cuenta que nada sé, bruja, antigua y moderna manifestación de lo que me hace falta; hagamos de cuenta que nada sé, que nada vi; hagamos de cuenta que nada soy, más que un cúmulo de necesidades.

Nada soy, más que apetito, deseo e insatisfacción.

Mi voluntad es mi única alianza en esta batalla.

La voluntad, como el semblante seductor, es inherente al ser humano: se lo tiene o no se lo tiene.

16. Que sea la libertad la máxima alegría de este ser entronizado en la cúspide del reino animal, puesto que no es nuestra la decisión que comanda nuestro devenir, ¡ni tuya, bruja!, en esto estamos juntos... abandonados y juntos en una tarea de reciprocidad adictiva. 

El secreto está en gustarse a uno mismo. Así como se es. Así, sin más, y con la más alta esperanza en trascender el tiempo y el espacio con el legado declamatorio de todo aspirante al progreso.

¡El mundo avanza! Y no me es conocido el destino, mas si la dirección…
17. ¿Cuáles son tus expectativas esta noche?

Soy un simple adolescente disfrutando de su existencia intrascendente en el bosque, a la vera del río… donde se ritualizan tus sacrificios.

Bruja mía, ¿qué es este rápido cuerpo abriéndose paso ante la luz?.

Hay un cuerpo abriéndose de piernas ante la daga de tu mirada, ¿es esta tu luna?.

Noto una muerte premeditada en el cuchillo de tu mirada, ¿es esta tu luna mejor adiestrada?
Vos si que sabes medir las consecuencias.

He aquí tu destreza, sobrehumana belleza.

No doy más de pensar esas tetas sobre mi cara.

Me tenes acá, todo tuyo. Maravillado de cosas asquerosas. Me pregunto si me vas a partir el orto del esplendor de tu severa alianza entre ternura y disposición a la turca.

Creo en la solución al eterno aburrimiento y al vacíamiento y al desproporcionado delirio entregando mi cuerpo los a terribles monstruos de escaparate y a las ninfómanas bestias que se me presentan para mi perdición en tu línea divisoria entre teta y teta, entre lo adrede y lo inherente del misterio, entre lo adrede y lo inherente del miedo.

Como un niño desmedido en sus pretensiones te digo que toda la semana en un soporífero letargo hacen de tu cruel y saturnina actividad una necesidad fisiológica para este ser debilitado en carne y espíritu, para que hagas de mi cuerpo un altar y que tu daga aliente mi sangre a unirse con la tierra y la sucia locura. Quiero de tu mano el eterno miedo al descenso.

18. ¡No hay un completo juicio posible sin la bajeza de mi cuerpo!
   
¡Soy barro que se subleva de las impías abstracciones!, con la marca de la bestia como autoridad para advertir al demonio que tengo con qué y tengo un porqué, y hago gala de esta victoria con mi pie sobre tu cabeza, enemigo, pero yo no te mato, ¿qué sería de mi don si no tuviera contra que pelear? Es la tristeza de admitir que si lo peor del mundo no existiera, lo mejor de mí no existiría. 

Aunque no, bruja... no vine hasta este lugar de vastas proporciones para intoxicarte con mi tristeza y vanidad. Vine a purificarme para darle a entender a la Bestia que no está sola con su creación, que hay quienes elevan su mirada hacia su condición de inalcanzable y necesario para nosotros los desahuciados, hijos malditos de la historia oficial, quienes vivimos de la continuidad...

Estas confesiones son los síntomas de una cultura que está descendiendo al abismo de la posibilidad; allí donde asentamos campamento en nuestra nómada virtud de NO CREER en nada más de lo que la experiencia nos permita. Los síntomas de una cultura cansada y fea y repetida hasta el hartazgo.

KEVACER!

Por eso yo ya no puedo cantar...

Ahora aúllo
por el desmedido uso de la impaciencia, para negar la escéptica y adornada soledad.

Nada más por lo que aullar.

No canto,
      aúllo este pedigüeño acto de rebelión.
No canto,
       aúllo con la sangre
       hervida tensando mis nervios
       como las ramas al expandir su jurisdicción.
No canto,
       inyecto la duda al célebre
       relato del pecado
       original como procedente del mal.
No canto,
       aúllo dolorido del absolutismo de la dualidad
        y el pensamiento binario que necesita siempre tirar
        o más acá o más allá,
¿y en el medio, con que nos quedamos?,
¿es el sopor de los días tranquilos esta medianía?

Aúllo, sobre el muro divisor entre lo adrede y lo inherente del martirio, entre lo risible y lo serio del espíritu.
    Aúllo, en el bosque de silicio bajo la luna llena con el hambre suprimido como necesidad biológica.
      Aúllo
      frente a la luz de la llama,
      frente a la hoguera de mi sensatez,
      temeroso de lo desconocido, indagando de cara
     a la fuente de calor que hacer y que en esa respuesta sea evidente mi destino y me asalte una angustia vergonzosa: vertiginosas dudas sobre la función de la aventura.  El calor cala mis sensaciones y el frío que busco no entiende de razones, ¿podes cazar este profundo dolor tan ingobernable como verdadero, este dolor que hasta los tuétanos corrompe y la mandíbula tensa?

No estoy hablando de droga, boludx, esto es en serio

Solo pretendo acercar a mi modo lo que está fuera de todo juicio dual.





IV

1. El alpedismo es la primera forma que toma el demonio.
El satanismo que adoptamos es hija de un estado
de pensamiento, hija de la religión sin profetas
ni redención, hija del malestar de la indecisión.
Hija de una prologada masturbación.
Hija de la confusión.
Hija de un estado mental.
Hija del ocio
merecido
por ser
tan pelotudos
y no mirar más allá

DEL OMBLIGO DE NUESTRO LIMBO

2. Con respecto a mi tipología del espíritu, así me hablo la Bestia seductora:

“¡Deshacete de ella!. Para ir ligero de equipamiento, ¡deshacete de ella!. Para ir cómodo por las tierras. ¡Estas siendo víctima de una necesidad obvia del sistema que gobierna tus medios de supervivencia! Un círculo perfecto, en tu inmadura estima por lo que no te concierne. ¡Deshacete de ella! Déjate de joder con pesadas cargas de conceptos abstractos hechos con palabras magras… ¿no te da cosa andar con peligros pre-configurados?. Yo hubiera pensado mejor aceptar cierto coto mal perimetrado, ¿a dónde querés llegar con tu fundamento terroso?. ¡Estas levantando un polvo molesto! Acá nadie quiere ser molestado. Para caminar mejor, más firmemente, tenes que andar con equipo ligero. Vos, que sos espíritu extranjero, te propongo deshacerte de ella y ver con más claridad, entre la clarividente neblina. No me vengas con trucos y trampas. Yo sé porque colgas crucifijos en tu habitación. Soy peligroso, estas en el cierto. Podes seguir con esos juegos, pero no creas que el entretenimiento es eterno. Y cuidado con que el "nosotros" no sea más que el reflejo de tu necesidad.

Hay que sacarte la idea profana e infantil de creer que la lucha con los demonios es interesante y divertida. Las heridas de guerra no son adornos ni accesorios de belleza; de hecho, hay una desventaja social en llevarlos puestos. ¡Avivate un poco! Esta es una necesidad victima de tu profana infantilidad, que intenta erigirse como nueva estilo de vida, como algo más elegante que llevar puesto.

Un traje nuevo te trastorna las ideas.

Solo quienes creen codearse con el demonio son aquellos que hacen de su demonomanía una ley, correspondiente a una estupidez muy propia del ignorante y de un desequilibrio propio de los delirantes; a estos hay que tolerarlos, no sacrificarlo, a estos hay que abrazarlos a los ojos de nuestro mayor bien común: el total despojo del ego y del sopor involuntario.
¿Que dirían tus ancestros de esto?

Conozco el traqueteo de sus lenguas desde que pusieron el primer acento en sus sentimientos y se entregaron al extásis haciendo el cuerpo del poema a medida que cada palabra haya sido sacrificada en las ceremonias del vivir.

Ya conozco sus hechos, su reproches y su lecho y por ende conozco su cuento.

¿Oís el eco de la voz de tu antepasados?, ¿oís la voz a través de la vibración iracunda?, ¿oís el eco del goteo?. Es la sangre antigua derramándose sobre tu cabeza..., y es esta la escena, es en este momento donde salís a buscar veganza.

¿Escuchas la maldición viejísima que hasta vos llega?

¿Escuchas ese sonido?... el murmullo en el templo, el deletreo de los nombres malditos, y el incienso trepando la cúspide del memorial, ¡es esto esta descubicado! -diría un distraído en vistas de la escena. Sin embargo, pienso
                           no hay ataque más valiente y astuto que el que
                           se planifica desde la casa del enemigo, invocando,
                           deletreando...

¿Escuchas ese sonido?

Ese zumbido...

Estas vibraciones cruzando la carne de tu espíritu, ¿la sentís?... como ingresa y te ahoga en temblor, ¿lo sentís?, ¿sentís el riesgo?, ¿sentís el odio viajero?: la maldición de tus ancestros, te la presento. No te regocijes con la historia. No es esta la victoria. No es este el fin de una victoria. No estas ni cerca. Darse cuenta no es suficiente todavía. Darse cuenta es el primer paso hacia el resto de lo que te queda de vida como santo, como héroe, como simple hombre desterrado, huérfano en su situación de Humano.

Y ahora no sabes a quién elevar la vista.
Y ahora no sabes a qué elevar la vista.

Es la maldición de tus ancestros, te la presento: el nihilismo propagándose como un virus corruptor.

Es ella la culpable de tu malestar. Vos que buscabas culpables..., acá los tenes, ¿te sentís mejor, maricon?

No te quedes callado.

¿Qué tenes para decirles?

Tendrías que verte callado. Mirate, tan mal te queda... siempre en silencio... Vos no fuiste hecho para el silencio. La sangre te lo pide. ¡Honrá tu sangre!... ese eco  de todas las noches de incertidumbre te va a matar. Esa voz quiere gritar, maldecir, y no ya jugar con originalidad. Vas a plantarte, de cara al pasado, y vas a maldecirlo... vas a usar el mismo ataque... vas a maldecir al viejo dios como lo hizo tu bisabuelo, minutos antes de cagarse matando. Vas a maldecir a dios, vas a repudiarlo, o los fantasmas de tus ancestros vendrán a reclamar tu don en vistas de continuar con la guerra infinita en otro territorio, donde tu cara de maricon no estorbe y los espejos no se vuelvan compasivos, Y NO HAGA FALTAR HABLAR DE MANERA TAN AFRANCESADA, ¿me entendes?, ¡simbolista del orto!.

Es el odio visceral y profundo el que hace de tu cuerpo una maquina de aullidos.

¡Y yo no puedo más que amarte en la ignorancia de tu odio!, para eso vengo a hablarte, para rescatarte de tu odio infecundo hacia todo lo que te fue dado como don.

Es tu destino aullar, es tu destino pararte en dos patas, despues de que te hayan roto el orto las supersticiones, pararte en dos patas a aullar.

Alguien te va a escuchar, y eso será para vos suficiente, ¡pero tampoco la onda es encontrar compañeros de celda, loco!. Todavía faltaría mucho andar en dos patas...

Lo que te digo son cuchillos, guerras, atentados contra la devastadora imposición...

No importa la morfología, importa cuanto te duela, ¿entendes?, como cuando vas al gimnasio a sobarte el ego... todo ese esfuerzo tiene que dejarte un dolor, sino no sirve, sino es sobada de ego, y el ego no tiene conducto deferente, lo que complica poder utilizarlo placenteramente... ¡ni para cojer sirve el ego!

3. A todos ustedes, seres de ultratumba, también se los digo, seres de incómoda estatura, de sensibilidad demencial, de baja calaña intelectual, de vasta memoria ancestral. Descontextualizados, siempre fuera de lugar... mal entendidos... mal educados. Nunca perteneciendo. Incómodos en su sufrida connotación de fantasmas malparidos por el circunspecto delirio de algún artista maldito.

A ustedes me dirijo, inmerso en la inmensidad del bosque, de espaldas al mar, inmerso en la santísima oscuridad. Los veo reírse, divertirse: escriben canciones "con los labios húmedos del nocturno rocío". Okey. Canciones donde "la muerte le sopla la nuca al cantor" -que no son más que ustedes mismos hablando en tercera persona del singular. Bue... Canciones escritas con "la sangre hervida del miedo a las sombras brujas que circundan y el amanecer espantan".

Sombras brujas...

¿¡De que están hablando!?

¡Que sombra ni sombra!

Y si las hay, y te circundan, como dicen, es por estar de espaldas al fuego... de espaldas al muro, de espaldas al mundo... de cara al tiempo, ¡de cara a los muertos!.

¡Que niebla ni niebla!

¡Que cuervos excitándose del augusto gemido de un ángel moribundo ni cuervos excitandose del augusto gemido de un ángel moribundo!

¡Todas esas paparruchadas son puro palabrerío!

Si se van a "alimentar del sepulcro de todos sus muertos"
Si se van a levantar medios sonámbulos
                                -más medio que sonámbulo-
Más flojos que una cuerda muy larga atada sobre extremos ceranos; si se van a "alimentar del fuego de unos ojos maniáticos" no cometan el error de compartir la habitación por mera asimilación de pulso de parca. La marca que a la que adhieren tus compañias hacen de tus palabras una decoración; hacen un festejo, una celebración, un enaltecimiento a todo lo que no es claro, un enaltecimiento a todo lo laberíntico,

a les hablo ustedes preguntones, mayormente mirones, creadores de realidades ulteriores...
desde la cúspide desde la mismísima viga
de la que cuelgan todos los mártires
cebadores de mambos mortales.

¿Es eso el maldito estilo?

¿Para qué lo necesitan?

¿Es necesario?

¿Realmente necesario?

¿Alguien corroboro su utilidad?

¡La interpretación de los hechos los pone de cara al fuego!

Ustedes no son dioses, no tienen, como yo, visión objetiva: yo elijo el bando contrario porque es sexy todo esto, no por tener sesgos cognitivos o por ignorante. Vengo a darles la enseñanza de los autores. La enseñanza de los creadores, de los destructores que con conciencia destripan el cuerpo de la tradición, el corpus legislativo destruido por los creadores de cada nueva generación desatada de viejas ataduras.

Cantan con los cantos fruncidos, eso les voy a decir, ¡cagados de frío!.

Cantan en esa posición inferior.

Con esa horrible música y ese canto anestesiado creerán que con sensatez encontraron la clave del símbolo adversario.

Ya se, está bien, no se preocupen. No todos somos perseguidos por las mismas cosas.  No todos tenemos el mismo origen. Quienes nacen en el seno de dios están encadenados a dios y los que pertenecen a la raza de los vacuos hacen de su carril una excusa de justificación a las debilidades al poner el acento justo en el lugar perfecto: el so penco “vuelo poético”.

Yo hablo de esta manera tan simplificada para que puedan entenderme, tan sumidos en su infancia están, que no quiero serles una carga. Quiero que me entiendan y aprendan a comportarse como les es mandado a compartarse: guerreros perfectos contra el sistema que les fue impuesto.

A vos, escéptico, te hablo.
A vos que ignoras mil presagios…”

3.  A nosotros nos habla el diablo.

A nosotros, que del seno de la nada venimos.

A nosotros, que caminamos guiados e iluminados por nuestro mismo cuerpo incendiado; es que no todos tenemos la habilidad humana para entender que el fuego quema y que no es necesario incendiarse para iluminar el camino... Sin embargo acá estamos, y ya es tarde para andar mendigando una luz más amable.

Acampantes del error, el tigre que cabalgamos se nos retobo, ¡y con razón!: nuestra superabundante condición de  palabreros nos cagó la fruta.

A vos –que me lees y te sentís tocado-,

que ya tenes al demonio
soplándote la nuca
pisándote los talones
abrazándote de atrás
apoyandote la pija,
con las tetas sobandote,
enseñándote a mover
secretos humanos

que el más alto creador nos los reniega.

Y estos secretos radican en la perpetua guerra. 


***

✳ 

V

Toda derrota comienza por un ideal.

Con o sin ideal, seguimos… con o sin guarnición; estamos de pie, deconstruidos: ya no nos podemos hacer los boludos; o somos boludos o no lo somos, corta, pero de hacernos no no, cagón.

Estamos grandes, y hasta a nuestras ideas les creció pelo.

Nos manejamos con un lenguaje profano; no admitimos esto más que para manifestar la alta cumbre del pensamiento intuitivo en la que nos sentimos dispensarios, dignificando la inspiración traída de ¡vaya a saber qué entidad patafísica!

Aquello que escapa a nuestra consideración son los límites de mi mundo.

¡Ignorancia y necesidad en armoniosa comunión! ¿Que te parece eso?

¡Nuestro apetito es nuestra brújula! Al Norte, al Sur, al Este y al Oeste. Allí donde podamos pasar un ratito dopados y acomodados nos dirigimos. Pertenecemos al lado B, como personajes de una película de bajos recursos y altas expectativas del éxito a través de nuestra “originalísima” manera de llevarnos con la historia. Los pelotudos tenemos también historia –queremos tenerla. Y nos proponemos establecerla.

A ustedes malditos mirones también  me dirijo.

Espías y curiosos de toda laya.

Ustedes no entienden de este dolor porque nacieron para ser espectadores.

Ustedes hablan y cuentan historias para entretenerse con una realidad que desconocen.

Ustedes existen para hablar de mí. Comentadores y espectadores, me verán protagonizar sus estudios, me verán ser parte de sus pensamientos. Los condenaré a obsesionarse con mi crepúsculo, y mi mueca de gracia será eterna... como su necesidad de reírse de lo lejano.


Somos tus bastardos, siglo XXI. Sin valores, perdidos entre las tetas del dios andrógino, sin sentido de trascendencia.

Nos gusta el sabor amargo de la destrucción. No hay un porqué.

¡La garcha llena de los porqué!

La amargura de la destrucción es el sabor característico de nuestro elixir.

La aceptación, la excelsa afirmación de todo lo que escapa a nuestra voluntad será nuestro mayor legado.

Este será nuestro fuerte.

La búsqueda del enlace perdido de esta inusual desconexion entre cuerpo y espiritu será nuestro fuerte.

¿Por que nada nos entretiene plenamente?

¿A qué se debe esta perpetua insatisfacción, esta lúgubre habitación, malsana en su aspecto, hiriente, maldita, vacía de sentido terrestre?

No estamos deprimidos, estamos distraídos.

Fuimos dotados de una tolerancia implacable, dotados de bajas pretensiones; y los bosques alejados hacen de nuestro entorno un clima de exuberancia enciclopédica: es necesario encontrarle sentido al delirio a través de las palabras profundas: oraciones como plegarias para nuestro consuelo.

¿Sera la entrega pura, desinteresada -la entrega en serio- lo que nos abra la puerta a lo inconfundible, a lo desconocido, a nosotros mismos?

¿Sera entregarnos a nosotros mismos, como quien se entrega a un desconocido, la clave, la salomónica clavicula para desatar los setenta y dos demonios para dejarlos ir y dejar de atesorar lo ajeno?

2. Es el cansancio de la duda lo que lleva a concederle un límite a la cornisa. O el aburrimiento letal de los nacidos sin imaginación.

Aquellos que nacimos sin imaginación dependemos de la vida real; y si la vida real no es más real que lo que nos permite nuestra imaginación

estamos perdidos

en la oscura fosa,

caverna de todos los ideales.

3. Es el aburrimiento a los días sin tesoros, el que le brinda una importancia al límite.

A quienes dependen de la vida real les tengo una noticia mala mala: es el género lo que nos abisma de la delicia de respirar el tan puro aire de lo nuevo. Mas, mi premisa predilecta dice: el melodrama no debe ser la ley.

Ningún género de vida debe ser la ley.
Ningún género literario debe ser la ley.


4. La interpretación empieza por asimilación.


VIII

Una noche en la que me estaba rompiendo la nuca, encogido por el frío de mi reclusión, con el culo atornillado y el estómago acobardado, sumido en el hechizo de la escritura –ora mecanismo de defensa, ora justificación en la tierra- se me presento la oportunidad de mandar todo a la mierda y una depresión de propiedades adictivas concedió el favor a mi boca de saborear eso, ¿y qué mejor sensación que la que caracteriza mi discurso, siendo yo mismo la característica de él, en mi afán de tener algo que saborear?, un juego hecho por y para boludos; facilisimo, dinámico, interactivo.

¿Es lo "demoniaco" moneda corriente en estas alejadas casas del suburbano?

Tiemblo ante la idea de un ser extra-dimensional atravesando la ventana, el cristal que divide nuestros mundos; como un insecto ya lo veo precipitarse sobre mis dedos, y escribo sin sostener mi lapicera y tiemblo ante la idea del desconcierto.

Ya nadie correrá la voz para anunciar el apocalipsis por culpa de alienados como estos que, como yo, se entregan a la vorágine del desierto, a la aventura de sondear su nada, en necesidad de encontrar los objetos que correspondan a llenar su vacío, ¡y es este mismo vacío el que pretendemos justificar!

Desde mi piel hasta los tuétanos... siento esparcirse el veneno corruptor... transportador de un parásito que hace de nuestra estadía una constante necesidad de fuga,

que no es más que la necesidad de pertenencia -aunque parezca lo contrario.

¿Y cuál es este virus del que hablo?

¿A que legislación biológica responde este virus que viene plagando a mis ancestros?

¿No será la raza de nuestro espíritu tendiente a la pavada que nos causa la necesidad de fuga?

¿Y de que nos fugamos?

¿No hablaremos en plural para evadirnos?

¿No hablaremos en plural para no compenetrarnos en el misterio del abismo de la Nada sin compañia?

Y me pregunto si esta no será otra manera de sentirse parte de un grupo, uno, al fin, fuera de ser calumniado.

¿Está no sera otra forma de no ser calumniado?

¿No nos estaremos resistiendo demasiado?

¿No es evidente el destino?

¿Eterna será la resistencia?

¿Necesitamos ver de cerca todo lo oscuro que en nosotros se aferra?

¿De qué voluntad nace esta necedad?

¿A qué ley responde esta sanguinaria necesidad de calar en lo más hondo de mis razones aquello que está bien que solo sea sensación?

¿Puede haber una relación entre el menosprecio de la carne -la autoestima de mula- y hacer de nuestro espíritu un complicado mecanismo abecedario en el que sienta la necesidad cuestionar todo lo que está bien que sea sensación?, ¿como cuestionar una sensación, sino es para juzgarla desde una coherencia interna?


La piel alarga más el tiempo en la necesidad de contacto, porque se alimenta del contacto. El espíritu puede soportar largas distancias y con palabras se conforma (por eso la idea de dios tuvo éxito en otro tiempo)... y yo soy un angurriento de palabras, mi ambrosía está teledireccionada, mi amor a lo lejano responde a mi amor por lo venidero: aquello que hace de mí un ser imperfecto, puesto que apelo a la esperanza, puesto que apelo al progreso; y mi cuerpo esta congestionado de espíritu, atosigado de conceptos, atolondrado de fantasmas que todavía son hermosos, floreados de significado, coronados de misterios, ¡tuya mi fantasía, bella ignorancia!, ¡tuya mi consciencia, apasionadas papilas gustativas!, ¡tuyo mi cuerpo, tuya mi alma, tuya la hoguera que resplandece y quema el placer de mis giladas!, ¡y solamente mío este disfrute!, ¡y es que YO, de tan feo de cara que soy, tengo mucho que decir, mucho de que hablar!: no me queda otra, aquí radica mi existencia justificada, ¿y por que?, 
 ¿y por que, que?, ¿por que esta necesidad de justificar la deserción?, ¿y por que esta necesidad de buscarle razón a la sensación?, ¿y que necesidad de justificar la búsqueda a través de una segunda voz?, ¿y por que no?, ¿y por que si?, de una vez y para siempre te lo voy a decir: a vos te gusta juguetear con las palabras porque tu diversión radica en no ser; por eso estas preguntas, por eso esta cuestión de querer encontrarle justificaciones a tu luz mediocre, eterno flujo de una razón pequeña, víctima de necesidades más allá de la tierra, de la flora, la fauna y los rayos del sol...
        
4. Espíritu, juguete mío, pequeño placer masturbatorio... razón pequeña, razón fantasma por la que justificar los vicios y las macanas; pequeña razón, vaga y abstracta, ¿qué soy, sino un cúmulo de preguntas que demandan atención?.

¡Mi cuerpo está maldito por el agujero negro de las desenfrenadas preguntas -falaces de nacimiento- que traen el desamparo y el despilfarro de energía necesario para construir templos de adoración para mi dios andrógino!

-Espíritu, ¿es tu atención una razón?-

¡Escuchar al cuerpo es darle crédito a su gran razón de ser!

-Espíritu, ¿es tu aburrimiento una razón?-

¡Lo que no quiere decir que haremos de nuestros genitales un ideal!

5. Toda derrota comienza por un ideal.

6. Espíritu, ¿a que vine al mundo?

¡No empecemos!

No es necesario esto para probar que se es un  hombre espiritual, es decir, un IMBÉCIL.

Es temprano y el amanecer es todo lo que esperé.

¡No empecemos con la boludes!

Que vine, vine; entonces, ¿que fuerza diabólica alienta tan falaz pregunta?

¿A qué reptil pretende contentar?

¿De que pozo séptico cósmico proviene esta voluntad de ir hacia la nada?


Soy de naturaleza martirizante, de vasta memoria, de vaga imaginación. Si, loco, soy débil, lo confieso. Aspiro al ultrahumano, a la sobrehumana belleza, la más estricta y delicada manifestación de la sensualidad, y más grotesca.

Y la más hija de puta al mismo tiempo.

Aspiro al ultrahumano como aspiro a la gloria de los santos mártires colgados de sus propias justificaciones, de sus propias lunas y de sus propios soles y de la sobrehumana belleza –hermosa adversidad para este, nuestro mundo.

Heme aquí, dios del ultramundo, con mi evangelio de ultratumba como testimonio y tesoro, luego de una larga búsqueda por los profundos mares de la confusión; sublevado del barro y de las impías abstracciones, y de las angustias que se manifiestan en la diferenciación entre una cosa y cualquier otra cosa.

De la diferencia entre una cosa y cualquier otra cosa es que las calamidades se manifiestan.

Si, hermano, soy débil, lo confieso. Voy a aguantar. Aspirando al ultrahumano, ¿por qué debería negarlo?, ¿no soy, por empezar, un necesitado?

La obra es consecuencia de la necesidad.

Todo esto encastra perfecto en el hueco donde se ahoga la vida en la idiotez líquida del nihilismo consciente y consumado.

¡Dios me libre!

¿Cuánto más de esta pavada?

Libertad inmediata de las prisiones del espíritu 
–eso por un lado-, 
y de las prisiones de la materia 
–eso por el otro.

¡Que problemón amiguito!

¡Que plomazo!

Acá no hay alquimia que valga.

¡El gataflorismo en su versión más rudimentaria!

No, no, lo digo enserio, acá no hay falso misticismo ni vergüenzas ajenas, es todo mío (tan mío que me asusta), desde lo bajo a lo alto; sondeando lo vasto, corriendo en pelotas sobre los bosques prohibidos de Pan; Él, que es todo y yo, que soy nada, que nos unimos y repelemos en un acto indescifrable de comprender al encerrarlo en una palabra: somos la santificada unión entre las fuerzas antagónicas del ser y el no-ser.

Soy yo quien les habla. Un chabón despilfarrado en cuestiones que se niegan al absolutismo de la fe y todo responde a una sola razón: la Gran Razón desvirtuada hacia la Pequeña Razón. Tiempo atrás puse mis esperanzas lejos, en lo inconcebible

¡y así me fue!

Admito mi debilidad, mi falta de fe y su consecuente nihilismo; mi intrépido origen, mi mediocridad, y mi falla mental –disociación entre objeto (¿cuál?) y sujeto (¿a qué?)-; admito, digo, mi absurdo y todo lo que haya que admitir PARA QUE SE COMPRENDA este oráculo de ultratumba.




Fin de la parte primera.



 


 
 

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